EASTWOOD: DOBLE Y DISPAR REGISTRO SOBRE TERRORISMO

Eastwood - Tren a París y Richard Jewell


Los que me siguen saben de la admiración que profeso al maestro Eastwood. Lo he dicho y escrito en ocasiones varias, y lo vuelvo a repetir: cuando este hombre desaparezca, morirá el cine. Seguro que se seguirán haciendo películas, pero ya no será cine.


En esta entrada voy a hablar de dos de sus últimas películas como director, y que, a vista de pájaro, podrían catalogarse dentro de una temática similar: terrorismo. Sin embargo, nada tiene que ver una con la otra. Como tampoco es el terrorismo la correa de trasmisión en ambas. Muy por encima de ello está la amistad en un caso y los medios de comunicación en el otro. Me refiero a “15:17 Tren a París” y a “Richard Jewell”.


 

15:17 Tren a París

La cinta, de 2018, se basa en el ataque terrorista en un tren con destino a París, el 21 de agosto de 2015. Con tan escueto fondo, Eastwood es capaz de plasmar una sugestiva historia de hora y media, algo ya de por sí meritorio. Y si a ello le sumamos que Eastwood quiso que los actores principales fuesen los mismos muchachos que vivieron la historia real, el mérito del director se acrecienta.


The 15:17 to Paris -en España “15:17 Tren a París”- es una película que sólo Eastwood podría filmar. Porque sin llegar a ser una obra maestra, ya que el guion autobiográfico no da para más, la sutileza con que trata la historia hace de ella su principal baza. El canto a la amistad está muy por encima de los sucesos acaecidos, que se convierten en meros acompañantes del relato.


Refiere el hecho de tres jóvenes americanos, con amistad fraguada en la escuela, que se enfrentan a un terrorista en un tren en el que viajan unas quinientas personas. Con todo, buena parte de la película se dedica a mostrar la vida de estos jóvenes, desde sus avatares de la niñez hasta los momentos previos al ataque. La presencia de los auténticos protagonistas del suceso es otro acierto de Eastwood, quien exprime de ellos toda su naturalidad. Llama la atención el tratamiento que de forma sibilina hace Eastwood de la escuela, tanto de la pública como de la católica. Algo que no pasa inadvertido al espectador. Por otro lado, excelentes las escenas de acción, ya casi finalizando la película, en las que el director se recrea en el carácter heroico, para muchos algo anticuado.


Por mucho que parte de la crítica le haya negado el aprobado, lo cierto es que la cinta es más que notable. Si no la ha visto, mi recomendación es que la vea. Pasará un buen rato.


 

Richard Jewell

En este caso no hay excusa, hemos de inclinarnos y rendir pleitesía al gran Eastwood. “Richard Jewell” es una magistral película. Una obra mayor, intimista; sobresaliente, tirando a matrícula de honor.


La película narra unos hechos acontecidos en los Juegos Olímpicos de Atlanta en el año 1996. Cuando aún los atentados terroristas en suelo norteamericano eran cosa poco frecuente, fruto de personas aisladas en lo social y trastocadas en lo mental.


El protagonista, un tal Richard Jewell, inscrito como voluntario, es seleccionado como asistente de seguridad para los citados Juegos Olímpicos. El relato dibuja íntimamente a Jewell. Un treintañero, gordito, de apariencia bonachona, que encierra una personalidad marcada por su ideología: el apego a la ley, el patriotismo y la pasión por las armas. A su lado una valedora madre, personificada por una excepcional Kathy Bates, con la que vive, y sobre quien se apoya emocionalmente.


Ilusionado por su nuevo trabajo, Jewell, -interpretado de manera espléndida por Paul Walter Hauser- se convierte en algo más que un simple ayudante de seguridad. No sólo se limita a ayudar y manejar a la multitud de gente. A su vez, vigila y observa sus comportamientos. Y esa actitud le convertirá una noche en un héroe. Gracias a su trabajo se descubre un artefacto explosivo que podía haber segado multitud de vidas. Pero las cosas cambiarán al poco tiempo, y Jewell pasará de héroe a villano.


A partir de ahí, Eastwood nos muestra su indolencia e indiferencia con lo políticamente correcto. Se torna atrevido y arriesgado. Así, cuestiona a los medios de comunicación, que se aventuran con noticias sin confirmar, extraídas, además, de manera más que discutible. Por ello le llovieron críticas. Bueno, por ello y por ser mujer aquella que lo lleva a cabo. Algo que no soportan las mentes cerradas. Tampoco el gran director se amilana al poner en el punto de mira al oficialismo institucional, llámese FBI, para quien todo vale con tal de conseguir que un caso se cierre.


Impecable la actuación del resto de intérpretes. Cabe destacar el papel que desempeña Sam Rockwell como abogado venido a menos, y que se hará cargo de la defensa de Jewell. El de Jon Hamm como inexorable inspector del FBI, y el de Olivia Wilde como reportera sin escrúpulos.


En fin, a sus actuales 90 años, Eastwood sigue siendo el director cinematográfico por excelencia. ¡Que sea por más tiempo!


Leo Limiste

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