HACE TIEMPO QUE NO NOS DEJAN VIVIR EN PAZ

pesadilla covid


Pensamiento y reflexiones tras dos años de pesadilla

 

Hola:


Llevo tiempo dándole vueltas a toda esta pesadilla. Pensando, reflexionando, tratando de buscar alguna explicación a todo este sinsentido. Pero lo cierto es que no encuentro ninguna justificación medianamente racional. He llegado a la conclusión de que desde hace tiempo no nos dejan vivir en paz.


Ya no se habla acerca del origen del maligno virus chino, y sólo han pasado dos años desde que se detectó el primer caso. Si a ello sumamos el hecho de que aún padecemos de pleno sus consecuencias, cuesta entender que se haya olvidado ese importante dato. Hoy día, el dónde y el cómo resultan palmarios, y el para qué, también. En pocas palabras: un virus experimental engendrado en un laboratorio participado con dinero de magnates occidentales. Sin embargo, poco importa todo ello. El asunto se ha cerrado sin más, sin saber a ciencia cierta quien o quienes fueron los padres de la criatura. Nos han metido el miedo en el cuerpo, y ya no pensamos con nitidez. Nos limitamos, como simples animales, a tratar de subsistir, y no nos percatamos de que el antídoto, de haberlo, sólo lo conocen los creadores del veneno.


A estas alturas, nadie en su sano juicio puede negar que toda esta situación ha servido para mermar la libertad. Pero cuando se habla de libertad hay que hacerlo desde la perspectiva de persona libre. Porque poco o nada habrán influido las restricciones en Cuba o Corea del Norte, al igual que en China. Por tanto, si partimos de que los países con cierto grado de libertad son los pertenecientes al llamado primer mundo, queda clara la parte más importante del porqué y para qué de este virus.


Pues sí, este virus fue pensado, entre otras cosas, para acabar con la libertad. Cierto que la libertad siempre ha molestado al poder, pero de unos años para acá molesta mucho más. En la medida que la tecnología contribuía a potenciar la libertad del individuo, los gobiernos, aliados con organismos plurinacionales, han ido levantando muros con la finalidad de restringirla, cuanto más, mejor.


Multitud de personas se manifiestan a diario en protesta por las medidas gubernamentales que atacan la libertad


Cualquiera puede echar un vistazo a lo que ocurre en los países de nuestro entorno, tales que Francia, Italia, Austria, Holanda o Gran Bretaña. Multitud de personas se manifiestan a diario en protesta por las medidas gubernamentales que atacan la libertad, siendo fuertemente reprimidas por la policía. Son ciudadanos que ven cómo poco a poco el Estado les resta parte de sus derechos y libertades, y no están dispuestos a venderlos por una supuesta e impuesta seguridad sanitaria. Pero sobre todo porque están hartos de mentiras. Y lo mismo sucede en otros lugares del planeta, donde Australia se alza como abanderada de la represión:  curioso que un lugar que empezó siendo una cárcel, acabe volviendo a sus orígenes.


Mientras tanto, ¿qué sucede en España? Pues aquí, de momento, quedamos a disposición de lo que decida el pequeño dictador del terruño. Unos, extendiendo pasaportes cuya posesión dicen que inmuniza tanto al portador como a los que le rodean. Otros, deseando que la Justicia ampare sus desmanes. Y algunos esperando a ver qué pasa. Todo cabe en un país donde las reglas de convivencia se han disuelto por la incapacidad y maledicencia de quienes nos gobiernan. Donde uno de esos pequeños dictadores, indocumentado y demagogo, exige la vacunación obligatoria “por las buenas o por las malas, por lo civil o por lo militar”. Malnacidos que han dispuesto la confrontación entre la gente, ya que así, peleándonos entre nosotros, les dejamos en paz a ellos.


Llegado aquí, amigo lector, me gustaría lanzar algunas preguntas. Lo hago desde el respeto que me merecen todas las personas, tanto las que piensan igual que yo, como aquellas que no. Lo que si le pediría es que reflexionara antes de contestarlas. Ahí van, primero los datos, y luego las cuestiones.


Según pregonan los medios de comunicación en España, a fecha 24 de noviembre de 2021, se ha vacunado a más de 38 millones de personas. O sea, sobre una población total ligeramente superior a 47 millones, quedaría por vacunar alrededor de 9 millones. Ahora bien, si de esos 9 millones deducimos 4,8 millones de menores de 12 años, la cifra se reduce a unos 4,5 millones. Estas son personas que por un motivo u otro han decidido libremente no vacunarse, y suponen algo menos del 10% de la población española. A lo anterior cabría añadir que muy probablemente 2/3 de los mismos hayan pasado la enfermedad y creado sus propios anticuerpos.


Pues bien, con esos datos, que repito proceden de la administración, ¿es creíble que sean estos los culpables de la saturación –de haberla– de los hospitales? La verdad es que suena a tomadura de pelo. ¿No resulta más creíble que esa saturación hospitalaria la propicien en gran medida los vacunados? Y siendo así, ¿para qué sirve la vacuna?


Vistos los datos, ¿resulta lógico ese brutal empeño en inyectar un fármaco experimental a toda la población del planeta?


Ahora, con datos extraídos de la Secretaría de Estado de Sanidad, comparación entre noviembre 2020 y noviembre 2021.


23 nov. 2020 Casos totales diagnosticados: 1.582.616
23 nov. 2021 Casos totales diagnosticados: 5.103.315

¿A qué se debe que el número de casos diagnosticados crezca de forma abismal a partir del momento en que se comienza a vacunar?


Por otro lado, el porcentaje de camas ocupadas por Covid en fecha noviembre 2020 era del 14,26%, frente al 2,42% de noviembre 2021. Y respecto a camas UCI Covid: 29,98% y 5,97%, respectivamente. ¿Dónde queda la excusa de saturación hospitalaria?


Por otro lado, hay estudios comparativos basados en el exceso de mortalidad –aquí uno realizado por mí– que revelan que la letalidad de este virus no llega, en el peor de los casos, al 0,5%. Luego, con esas cifras de mortalidad, ¿resulta lógico ese brutal empeño en inyectar un fármaco experimental a toda la población del planeta? Pienso que no, que tras esa medida irracional se esconde algo más que no nos quieren contar. Nunca hasta la fecha se ha llevado a cabo una campaña que echa por tierra uno de los derechos fundamentales del enfermo: el consentimiento informado. Los médicos que comprometieron su profesión al juramento hipocrático deberían haberse levantado en masa.


Otra pregunta, esta sin datos, aunque se puede responder desde la razón. ¿Tiene sentido que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña avale la solicitud de un pasaporte, de dudosa legalidad constitucional, para entrar a restaurantes, y no a cines, teatros o polideportivos? Personalmente, no le encuentro explicación, salvo que sea mal pensado.


Queda claro que tras esta planificada pandemia se esconden intenciones y, por supuesto intereses, espurios. Dedicar un minuto a pensar y no verlos supone una alteración de nuestro sistema mental. Nada raro cuando el miedo se cimenta en el cerebro.


Acabo con una noticia que no aparecerá en los telediarios, ni siquiera en los medios escritos. Hace unas semanas, el prestigioso Dr. Thomas Jendges, director de la Clínica Chemnitz en Alemania, se mató precipitándose desde la azotea de su clínica. Las causas no están claras, pero todo parece indicar que el motivo fue no soportar las constantes mentiras y engaños al paciente sobre el hecho de que las vacunas son supuestamente inofensivas. Así, al parecer, lo dejó escrito. Para Jendges lo que estaba viviendo era un auténtico genocidio y un crimen de lesa humanidad. Por supuesto, las autoridades han negado la existencia de ninguna carta o nota que documente tales aseveraciones. Y como no, los mass media y verificadores de noticias en redes sociales han salido como un tropel a refutar la veracidad de esa, por ahora, supuesta carta. Ahí lo dejo.


Saludos.


T.McARRON

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